CÁNTICOS Y VOCES DE LAS AVES DE LA LLANURA, LAS SIERRAS Y LOS HUMEDALES MANCHEGOS

SISÓN (Tetrax tetrax)

El sisón, ave plenamente esteparia, también protagoniza dos de los sonidos de la Naturaleza más comunes y habituales en herbazales, tierras de labor y otros espacios insertados dentro de la Llanura Manchega. Uno de ellos, el primero que aparece en este audio, es el característico y peculiar reclamo de los machos fundamentalmente en plena época de cortejo y cría, una discreta y no muy altisonante “pedorreta” –así se le llama en la zona de Villarrubia y Daimiel-, pero que es una constante en el paisaje sonoro de este ámbito sobre todo durante la primavera. El otro sonido característico emitido por los sisones, que es el que aparece a continuación, es el “siseo” producido por el aleteo de sus alas en vuelo, semejante al de las anátidas, y que suena muy acentuado cuando vuelan sobre el espectador en grupo o bandada.

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CALAMÓN (Porphyrio porphyrio)

Al igual que su pariente el rascón, este rálido, conocido como el “gallo azul”, muestra, a pesar del llamativo y resplandeciente azul metálico de su plumaje –cuando irradia en él de pleno la luz solar-, un modo de vida muy escondidizo y discreto, permaneciendo casi siempre bien oculto entre la espesura de la vegetación palustre, y, como aquel, sólo su peculiar y sonoro canto delata su presencia. En este caso, el calamón lanza un rocambolesco chillido o grito con connotaciones nasales que, al igual que el rascón, inesperada y brevemente irrumpe en el silencio o en la armoniosa atmósfera sonora del humedal, dando testimonio de su existencia, que, de otra manera, casi resulta imposible discernir.

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RABILARGO (Cyanopica cyanus)

Se trata de otra ave que allá por donde pasa va marcando, de manera ruda y tosca –como córvido que es-, una inconfundible y característica estela sonora rompiendo bien la tranquilidad, bien la armoniosa sinfonía de cantos generada conjuntamente por el resto de pájaros que habitan las masas forestales de Monte Mediterráneo, como las de los Montes de Toledo y la Sierra de Villarrubia. A diferencia del arrendajo, el otro córvido que habita estos parajes y que por su comportamiento y singular chillido es conocido como el “chivato del bosque”, los rabilargos son gregarios y deambulan por estos espacios naturales en grupo, lo que los hace, como aquel, aunque en este caso por ir varios juntos, muy “escandalosos”.

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